jueves, 26 de agosto de 2010

Comunicación Efectiva

El mundo que conocemos está formado por los significados que le damos. Nada en el mundo tendría sentido si no pudiésemos comunicarlo. Es el lenguaje lo que establece los parámetros para entender todo lo que nos rodea.
Según la visión generativa del lenguaje, éste es acción. La palabra tiene el poder de transformar. Cuando hablamos, actuamos, y al actuar intervenimos. Esta visión pretende explicar que construimos y transformamos la realidad en torno a cómo hablamos de ella.
El lenguaje nos constituye en la medida que somos nuestras conversaciones. La manera como conversamos con otros y con nosotros mismos determina quién y cómo somos. Es la base para formar relaciones y comunicaciones efectivas para el rol que sea que desempeñemos en nuestra vida.
Según los axiomas de la comunicación de Paul Watzlawick, es imposible no comunicar. Aunque no lo queramos, siempre emitimos algún mensaje, ya sea a través de nuestra postura, expresiones o por aquello que tenemos en nuestras mentes y no queremos decir.
La forma en que comprendemos el mundo está estrechamente ligada al aprendizaje. Hay elementos básicos que nos enseñan nuestros padres, como el que el lugar donde preparamos aquello de lo que nos alimentamos se llama cocina, o que lo que nos limpia es agua.
El lenguaje valida lo que aprendemos. Es la base fundamental de lo que conocemos, pero estos conocimientos toman distintos cursos en cada persona. La percepción que cada uno tiene del mundo se funda en gran parte en nuestras experiencias pasadas, pero también en nuestra biología. Los órganos sensoriales no funcionan con exactitud en cada persona, es por eso que no para todo el mundo el volumen de voz de su interlocutor puede tener niveles agradables o desagradables, por ejemplo, y muchas veces cosas como esas definen nuestra disposición hacia distintas cosas y personas que nos rodean.
Muchas veces no estamos conscientes de estas diferencias de la percepción de cada uno. “Uno dice lo que dice, y el otro escucha lo que escucha”. Esa es una brecha de la que no muchas personas piensan en hacerse cargo. Probablemente muchos problemas de la vida diaria podrían evitarse si consideráramos estos puntos a la hora de interactuar.
En la vida cotidiana quizás no sea un problema, pero sí a la hora de establecer relaciones profesionales, en las que es fundamental que el mensaje dado sea completamente comprendido, ya que es necesario para cumplir con las tareas a cumplir en pos de una meta. A eso se refiere el concepto de comunicación efectiva.
Una buena comunicación depende de cuánto estamos dispuestos a poner de nuestra parte para tener un entendimiento positivo. Requiere paciencia y dedicación el intentar acortar la brecha entre las personas en cuanto a las percepciones individuales.
Hoy en día, cuando los medios de comunicación han tenido una evolución gigante, es fundamental entender el alcance que pueden llegar a tener nuestras palabras, especialmente porque no vivimos aislados, sino que muchas veces dependeremos de otras personas para cumplir metas.
Estamos inmersos en una realidad individualista que nos aleja del otro y perdemos la capacidad de empatizar con las personas. La satisfacción personal es la principal meta en la vida de las personas, lo que puede hacer que olvidemos que muchas veces el aprendizaje colectivo es parte del personal.
Particularmente nunca me planteé la idea de la responsabilidad que se puede tener para con otros durante el proceso de aprendizaje hasta este momento. Muchas veces sin darme cuenta me vi a la cabeza de un equipo de trabajo, dirigiéndolos porque tenía más confianza en mi dando instrucciones que en los demás asumiendo responsabilidades.
Uso la palabra “equipo” porque así se le llama a los grupos de personas con un fin común, pero con una amistad de por medio. Creo que existe la posibilidad de que en esos momentos me haya considerado líder, pero por la responsabilidad que conlleva, el simple hecho de pronunciarlo en voz alta lo hace real, y temí que el fracaso, en caso de haberlo,  se atribuyera a mi poca capacidad, asique sólo actué, sin externalizar lo que aquello representaba. 
Afortunadamente cuando asumí aquel rol obtuvimos resultados satisfactorios, pero me quedó siempre la duda de cuales hubiesen sido los resultados si en lugar de sólo dirigir hubiese alentado a mis compañeros a plantear nuevas ideas. Los resultados hubiesen sido distintos, pero no sabré si mejores o peores.
Tiempo después, me vi en circunstancias opuestas. Dejé que otras personas asumieran la responsabilidad de liderar grupos de trabajo en los que participaba. Digo “grupos” porque ya no hubo una amistad de por medio, sino sólo una fin común.

Frente a esto mi nivel de compromiso se redujo, pero no podía dejar de notar que la forma en que nos guiaban no era la correcta. La forma de delegar responsabilidades o la manera de pedirlo me parecían equivocadas. No veía un apoyo positivo ni que intentaran incentivarnos.
Muchas veces tuve ganas de intervenir y tomar las riendas, porque sentía que había mucho potencial que explotar entre los miembros del grupo. Veía que quienes asumían el liderazgo lo hacían en el rol de aquellos líderes que delegan, pero en el contexto de un grupo de inmadurez, con necesidades de orientación, donde lo ideal era un líder que dirigiera y diera apoyo al grupo.
Ahora las oportunidades de empatizar se hacen más difíciles. Los miembros de grupos o equipos de trabajo se comunican a través de internet. Las posibilidades de lograr una comunicación más efectiva entre los miembros se dificulta. Es más difícil evaluar y deducir el comportamiento de los demás miembros, por lo tanto podemos estar frente a conflictos que mermen la productividad sin si quiera darnos cuenta.
El compromiso para lograr una meta es personal, y terminamos asumiendo que los demás quieren lograr lo mismo que nosotros, y nos equivocamos, porque las prioridades, y por lo tanto el nivel de compromiso con la tarea, pueden ser completamente opuestos.
Este nivel de compromiso es muy importante, especialmente cuando estamos hablando de tareas que no cesan, como podría ser en el caso de trabajar en alguna empresa, o para el mismo caso, un cargo permanente en lo que sea. Así como los descubrimientos y la información aumentan día a día, el deseo de perfeccionarse para lograr los mejores resultados debe ser paralelo.
Retomando la idea del comienzo, el lenguaje es fundamental a la hora de trabajar con más personas por un fin común. Internet y sus herramientas para comunicarse entorpecen la comunicación efectiva. Así como nos entrega millones de conocimientos nuevos a diario, nos aleja del conocimiento principal para lograr un aprendizaje efectivo. Nos aleja del entendimiento de la conducta de quienes nos rodean e influyen en nosotros, engrandeciendo la brecha de la comunicación efectiva. Sin eso, carecemos de las bases para comprender tantos hechos que nos rodean e inciden en nuestra propia conducta y entendimiento de nuestro medio. Nos impide identificar conflictos, y si éstos no se solucionan, frenos nuestro propio progreso.
Nos encontramos frente a un escenario de cambios globales. Al menos yo, me veo en la necesidad de entender lo que motiva tantas conductas y hechos, antes de buscarles una solución.
Pienso que antes de delegar tareas, hacer declaraciones o afirmaciones sobre algún hecho concreto, hay que tratar de conocer el contexto en el que me desenvuelvo. Tratar de “meterse en la mente” de mis compañeros en una forma de identificar los potenciales de cada uno. Así cada tarea cae en las manos de la persona mejor capacitada para lograr los mejores resultados posibles, y bueno, somos personas, en cualquier ámbito de nuestras vidas necesitamos saber que no estamos solos, y el apoyo es fundamental para generar motivación, y así, un compromiso sólido.
Esto no quiere decir que pretenda ser condescendiente con las personas. La sinceridad hacia compañeros es primordial, pero también hacia uno mismo. La crítica debe ser siempre constructiva. Trato de hacer entender a las personas que la mediocridad no es buena para nadie, y es un regalo casi divino el que tengamos la capacidad de constante superación.
Puede parecer un poco utópico, pero cuando nos damos el tiempo de conocer, y nunca dejar de hacerlo, fortalecemos las bases para adoptar retos cada vez mayores.


    

   

domingo, 21 de marzo de 2010

Solo es lo que es


A veces el destino tiene un sentido del humor bastante peculiar, especialmente cuando se trata de las jugadas que nos hace a nosotros mismos, por que, reconozcámoslo, solo cuando nos pasa a nosotros es cuando lo notamos, y justamente es de nosotros de quien el destino más ríe.
A mí me enseñaron que es malo jactarse de la desgracia ajena. Primero, porque todos somos iguales a los ojos de Dios, cualquier Dios espero, sino, me sentiría decepcionada al darme cuenta de que he estado respetando al Dios equivocado. En segundo lugar, el dolor no se le debe desear a nadie; y en tercer lugar, porque en algún momento de la vida, podría ser uno mismo de quién se rían, y asumámoslo, no nos gusta que se rían ni de nosotros ni con nosotros.
Esta cosa del destino es muy amigo de la ley de Murphy, creo…humildemente. (Temo que mis palabras repercutan). Tengo la seria sospecha de que se juntan una vez a la semana en algún café bien desapercibido del centro a tramar las rachas de los que nos entregamos bajo su criterio.
Dada la certeza con que somos bombardeados a lo largo de la vida, he llegado también a creer que deben tener una sucursal en cada ciudad, sino, ¿Cómo logra el destino darnos en los puntos exactos que necesitan ser tocados? Debe ser un trabajo meritorio de bastante estudio para su aplicación, y para eso, se necesita tiempo, sino, sería una irresponsabilidad.
Ya que somos tantos, gracias a… ( dadas las circunstancias y el contexto de lo que aquí se habla, he limitado mis expresiones, asique cada quién calce la frase con lo que más le acomode) hay momentos en que pasamos a segundo plano, no debemos ser egoístas al pensar que el destino sólo está pendiente de nosotros. No. Somos varios cientos de millones. El problema es cuando retoma nuestro folio.
Y otra vez nos toma el pelo. Se ríe un poco y luego nos deja “stand by” hasta nuestro próximo encuentro, misma hora, mismo canal, manténgase en sintonía. Si algo tiene que salir mal, así será.
Debo recalcar que ese humor que cae sobre nosotros no es siempre negro. Algunas veces de verdad es un humor que se puede disfrutar con una pilsener. Creo que entre nosotros nos conocemos bien. He aprendido a estar alerta cuando el momento de mi turno está por presentarse. Reitero, humildemente.
Este año ha cambiado la mecánica de esta interacción. Parece que estoy más grande porque ya no me “piko” (perdón por la palabra) cuando me sale con una sorpresa nueva. Aprendí que donde manda capitán…
Somos simples marineros. A algunos nos gusta el ron más que a otros. Lo que me lleva a desviarme del tema, perdón, pero no puedo evitarlo. Siempre soñé con ser pirata, en un mundo paralelo donde pudiera ser siempre joven como Peter Pan; y donde pudiera andar sucia, peluda y hedionda, y seguir siendo sexy. La rudeza fue un producto que siempre quise adquirir, pero no se lo digan a nadie. Y así como la canción, poder decir “Con una botella de ron, la vida pirata, la vida mejor”.
La vida sin trabajar, la vida sin estudiar, y un sireno esperándome en el fondo del mar. Parece que al señor destino no le gusta el ron. Debe haber realizado con Murphy una farra épica. Pero aquí sigo. Sin canciones, sin ron; depilándome cada dos días, y aún sin curarme de espanto respecto al extraño sentido del humor de quien mueve los hilos por estos lados inocuos restantes de un festival pirotécnico a gran escala llamado Big Bang.
Somos la sobra del polvo de estrellas, en un mundo brillante y con vientos que soplan desde todos los rincones del universo. No me atrevo a decir que somos insignificantes, solo muy pequeños. Somos significantes entre pequeñeces. Nos merecemos unos a otros, eso sí, insertándonos dentro de categorías basadas en criterios pequeños y significantes, connotados o denotados, a estas alturas a nadie la importa. Solo queremos diferenciarnos nadando en un mar de polvo. Polvo de estrellas en un mundo brillante.
No sé por qué cada vez que trato de analizar algún aspecto de la vida en general, ya sea personal o colectivo, las palabras de mi abuela vuelven a mi mente como si lo hubiese dicho intencionalmente esperando el momento determinado en que podría aplicarlas. El destino se sigue burlando de mí, aunque esta vez no soy la única. También le jugó una buena a mi abuela, lo que me da a entender que ir a misa tres o cuatro veces a la semana no se libra de ser balanceada en el columpio divino. Nadie es profeta en su propia tierra, (otra vez recurriendo a los clichés, my god) y con aproximadamente 74 años (no existe el valiente que se atreva a verificar los datos duros desde la fuente primaria) ella tampoco lo ha conseguido. Le tomó años para que sumensaje fuera escuchado, y resultó que no fue escuchado de ella misma sino de un viajero en tránsito que pasó dejando su huella.
El mérito no es menor. Años de escuchar a la persona más insistente de la zona aledaña no tuvieron el mismo efecto de las mismas palabras salidas de otra boca. Y qué boca. Daría mucho que hablar. No es la idea desviarse de la idea, aun más, por una boca encantadora pegada a una persona intrigante.

domingo, 28 de febrero de 2010

Encontrar lo que se busca y huír de lo encontrado


Solemos correr tras nuestros sueños, los que van cambiando con un descaro a veces increíble. Hay sueños que son tan frágiles que nos duran menos de lo que nos demoramos en establecerlos. Creemos que sabemos lo que queremos, pero nuestros deseos son variables, a veces más de lo que quisiéramos. Los anhelos de la infancia pocas veces nos siguen hasta la adultez. El mundo común y corriente se entromete en lo más profundo de nuestro ser, bloqueando la capacidad de fantasear. Muchas veces con solo abocarnos a pensarlos es suficiente, reanima. Sabemos que hay cosas que son imposibles, pero cuando lo mundano corroe hasta eso nos vemos en un problema. Eso significa abandonarse. Entregarse a una máquina impersonal a la que no le importa quién seamos, sino sólo qué podemos aportar a la masa. De nuevo apelo a los recuerdos sobre mi abuela; me hace pensar que todo eso no significa más que madurar.
Madurar para mí, y espero que para nadie más lo sea; significa dejar de soñar, y empezar a trabajar. Hacer andar la máquina. Engranajes. Piezas. Ritmo constante e hipnotizante. Peter pan hubiese sido uno de los tantos suicidas estresados por el ritmo de la ciudad y la modernidad. Una víctima más. Lamentable, pero cierto. Y deben haber muchos más en el mundo que podrían encajar con el mismo perfil. Inadaptados se les podría llamar. Soñadores, flojos, incapaces, etc.
Hubo un período en mi vida en el cual me dejé llevar por los sueños. No fui muy lejos, porque eran sueños de aquellos que son aceptados por la sociedad. Aquellos que el alma refleja mientras dormimos, mientras estamos vulnerables, uno de los pocos momentos diarios en que el alma y la mente subconsciente se pueden manifestar sin ser callados. Me quedé atrapada. Viví a través de sueños por un largo tiempo. Me negué a volver a la realidad. Eso, hasta que el mundo comenzó a rozar su camino con el de mis fantasías. Incrédula, dejé que las cosas siguieran su curso para ver qué pasaba.
La vida mundana comenzó a hacerse atractiva a mi vista. Guardé silencio, me mantuve quieta. No quería alterar el curso natural de los acontecimientos que golpeaban a mi puerta. Esperé a que solos llegaran a mí. De a poco, así como en un título de Hollywood, se comenzaron a suceder (uno tras otro) una serie de eventos, no desafortunados, pero sí fortuitos e intrigantes.
A veces creo que todo lo que ha pasado es producto de la sobriedad, y que la condición contraria fue la que me hizo divagar entre lo real y lo ficticio, adoptando una actitud defensiva injustificada. No sé si salí de un estupor permanente o estoy recién entrando. Sin querer di vuelta la página de mis resentimientos, y me encontré ante un libro completamente en blanco esperando a ser llenado. Sin línea editorial, sin temática, sin sentido, sin un curso claro y sin nada establecido

Elocuencia y Connotación

María Grevel escribió una canción a la cual llamó “Júrame”. “Todos dicen que es mentira que te quiero” dice ella. “Es mentira que te quiere” a mi me dicen. No hay como saberlo. El mundo y sus connotaciones han cambiado de una forma que ya no entiendo. Las palabras han perdido fuerza, y más aun, se ha desgastado su valor. El querer ya no es más que una conjugación, un pretérito que jamás llegará a un futuro, ni si quiera condicional, sino condicionado, pero aun así, un futuro al que nunca se podrá llegar, a menos que hablemos de presente, entonces el futuro se hace cada vez más lejano. 

Siglos anteriores, la palabra de alguien lo era todo. Era más valiosa que un contrato de puño y letra. En la palabra de un hombre se empeñaba su honor. Hoy no sé si se dejó de valorar el honor, o el respeto a la palabra de alguien se perdió, así como el valor que se le otorga a su denotación, y peor aun, lo que significa para nosotros. 

No podemos querer. Al menos yo no puedo. Es peligroso, es como hablar en idiomas diferentes. Para todos es distinto. ¿Cómo puedo saber si cuando alguien me dice “te amo” en realidad está queriendo decir que su “amor” es lo que yo entiendo por sólo un “querer”? ¿Qué dirá entonces cuando realmente ama? ¿Soy tu fan Nº 1? ¿You`re so cool?

Cuando la gente ama, suele decir que no puede vivir la vida sin esa otra persona. Yo creo que no amo. Se supone que bajo circunstancias normales, las familias se aman entre sí. Amor de un padre a un hijo, amor de una hija a su madre, o de un hermano a otro. Yo creí que amaba a mi familia, pero ya no. Los quiero, sí. Pero no los amo. ¿Cómo podría explicarse entonces que la persona que más uno espera que le ame, muera, y yo siga con vida?. Aunque bien aprendí, a punta de sufrimiento, que lo que más se ama siempre permanece. A veces creo que ella está conmigo aunque no pueda verla. Tal vez ese sea el amor. Creo que ese ha sido el único amor de mi vida, porque ha superado barreras inimaginables. Lo ha sobrevivido todo.

Es la única vez que empleé bien la palabra “amor”, y la única de la que no me arrepiento. Muchas veces tuve que repetirme a mi misma que lo que más se ama permanece. Así pude darme cuenta de qué es verdadero y qué no lo es.

Me rindo ante el hecho de que nunca nos pondremos de acuerdo al respecto del valor de las cosas que decimos. Primero cada uno debería tener claridad sobre sí mismo. Quién se es, como se siente, como se vibra, como se sufre. No todos piensan lo mismo sobre qué el amor es. Me parece que a cada uno se le podría hacer más fácil es describir lo que es el odio, la decepción, la traición, pero no el amor.

Tal vez una manera de entenderlo sería ir descartando aquellos valores que no lo representa. El odio es casi tan frecuente como el amor, pero es más elocuente. No tiene problemas para ser mencionado. Y con razón. Es más fácil el no esforzarse en hacer las cosas bien y ganarse el odio de los demás, aunque más fácil aun sea culpar a alguien más para no asumir nuestras fallas con los que se supone que nos importan.
He perdido la cuenta de cuantas veces he dicho que odio. Mi abuela me decía que era muy feo decirlo. Decía que el odio no cabía en el corazón de quienes tenían amor en sus vidas. “A dios, debes pedirle amor todos los días; que tu vida este llena de amor y dicha, así es la única forma de vivir como se debe”. Decidí escucharla. Ya no odio. Ahora solo ignoro, y pido que todo lo dañino se aleje de mi vida. Tampoco le deseo mal a nadie…creo. Desearle algún mal a alguien es en cierta medida, odiarse a sí mismo. Una persona que se aprecie de tal no debería permitirse esos sentimientos, después de todo, el odio lo sientes tú. El odio no golpea a la otra persona, no la deja en vela toda la noche ni le llena la cabeza de culpabilidad.
Todo nace en uno mismo. Eso lo aprendí recientemente, en uno de esos vaivenes del corazón buscando descanso. Y gracias a no sé qué, o tal vez a mi mamá, lo encontré. Y cuando mi corazón terminó con la agitación de hace años, cuando estaba a punto de detenerse, llegó mi paz, y nunca más la dejé ir. Comprendí que tenía que tener fe y optimismo, aunque suene como un cliché. La nube que me cubría los ojos se disipó, y pude volver a respirar profundo otra vez. Había olvidado lo que se sentía. Volver a expandir los pulmones, sin que duela, sin sentir una herida que punza. 

Cuando sale el sol todo se seca. Así sucedió con todo lo que derramé. Ya no sentía leche derramada bajo mis pies, ni lágrimas en mi almohada. Me sentía liviana. Cuando se comienza desde ese punto es mucho más fácil continuar así, con claridad.

jueves, 13 de agosto de 2009

NO TE GUSTA MI ACTITUD
Y A MI NO ME GUSTA TU EXISTENCIA
SI POR CADA MIERDA QE ESCUCHE HICIERA UN SALUD
TERMINARIA EN EMERGENCIA VOMITANDO TU PRECENCIA


ERES LA MEZCLA PERFECTA
IDIOTEZ Y SECUELA
NO TE KISO NI TU ABUELA
NO ME EXTRAÑA QE TERMINARAS EN LA ACERA
PERO DE VERAS
QE CREISTE, QE ESTABAS PENSANDO
MUCHA YEGUA TE ESTA AFECTANDO
Y NO QUIERO SER INCREDULA
PERO NO TE COMPRO QE NO TE COMAS MAS QE PERRAS
EL ESTILO QE APRENDISTE
NO SE DONDE LO VISTE
PERO TE RESULTO UNA MEZCLA TRISTE
Y YA LO VISTE, LA VENDISTE


ABOMINACION PERFECTA
LENGUA MUERTA Y MENTE ENFERMA
NO CONTAMINES MAS EL MUNDO
CAVA UN HOYO Y YO TE HUNDO
NO PASARA NADA SI DESEPARECES
A LO MAS TE VISITA UN PERRO Y TE REGALA SUS HECES
QE HICE YO PARA HABER MERECIDO CONOCERTE
ALGUNOS LE DICEN KARMA, YO LE DIGO MALA SUERTE


NO TE GUSTAN MIS RIMAS??
PORQE, SI SON DEDICADAS
A LAS MOSCAS QE TE SIGUEN
Y A LA BASTARDA QE TE PUSO ANTE MI CARA

miércoles, 7 de mayo de 2008

¿Quién es el terrorista?

¿Estás cómodo y abrigado en tu casa? Hay gente que no. Hay niños que deben caminar kilómetros para llegar a su lugar de estudio si es que tienen la suerte de contar con uno. Hay millones de niños en el mundo que mueren por desnutrición o sida. Otros que si logran sobrevivir se ven obligados a pasar el resto de sus días haciendo trabajos inhumanos que cortan cualquier esperanza de vida digna, feliz y libre.

¿Te quejas de los tacos? Pues hay quienes deben salir de sus casas a horas en que tú recién llegas, hacer colas interminables y transportarse como ganado para cumplir con un trabajo y sueldos miserables, y aún así tienen una sonrisa para sus hijos cuando llegan tarde a sus casas si no es demasiado tarde para encontrarlos despiertos.

¿Tienes rabia porque no encuentras justo las zapatillas que querías usar hoy? Es tu día de suerte. Agradécele a Dios o a quien estimes conveniente el que seas tú quien las usa y no quien las hace.

Vivimos en un país mayoritariamente católico y nos jactamos de tener la verdad absoluta. Pues la verdad que yo veo son cientos de mujeres que gozan de una vida relativamente holgada, sin apuros económicos y sin tener que partirse las manos.

Por donde mire hay cientos de esposas que van a las iglesias todos los domingos, a darse con una piedra en el pecho y alabando la grandeza del Señor. Yo le diría a esas personas, que en vez de darse con una piedra en el pecho, se den con un martillo en los dientes. ¿Por qué lo pido? Porque estoy harta de ver gente que se cree mejor que otra por el simple hecho de tener plata. 

Es frustrante ver gente que pasa por el lado de otras personas con una mirada despectiva que podría dolerle a cualquiera más que mil palabras. Y sin les dedican una mirada a aquellos que no tienen lo mismo o que no nacieron en el mismo tipo de cuna, tal vez sea demasiado. Tal vez piensen que son poco dignos de ser vistos por ellas. 

¿Les digo qué señoras? La hipocresía también es castigada, tal vez no después de la muerte. Tal vez llegue el día en que su plata deje de darles privilegios, y se encuentren cara a cara con quienes han mirado mal, han despreciado o han insultado por ser un “roto ordinario”.
Tienen suerte de que la justicia en este país no sea ciega y se fije en el apellido de cada persona que juzga.

Mientras tanto, la iglesia pide ayuda para el prójimo y se deshace en llamados a colaborar. ¿Pero de qué estamos hablando? Piden, piden y piden ¿ y cuándo las toca dar? A caso esperan que la gente dé sus sobras para dárselas a otras personas y sentirse magnánimos por lo que hacen?

En lugar de gastar millones en giras papales, en llamados mundiales a acabar con el hambre, deberían ser ellos mismos, los sacerdotes, quienes se saquen sus lindas sotanas y salgan de sus abrigadas iglesias a ensuciarse manos y pies. A dar ellos mismos comida en las bocas de quienes no pueden. A manifestarse contra la guerra donde mismo muere la gente, y no desde un cómodo sofá en algún lugar probablemente remoto al sonido de las bombas.

No puedo entender, en verdad no puedo. Me desespera la hipocresía que domina al mundo entero, y me enferma que la gente se llene la boca de sabiduría y compasión cuando van por la calle y desvían la mirada de los necesitados, contaminan su propio entorno y dañan hasta a sus más cercanos.

El ser persona no lo hace ni la plata ni el lamentarse por desgracias ajenas que en el fondo no les importan porque no les ha pasado ni les pasará. La vida no está asegurada para nadie, y sin tan católicos nos creemos, no vayamos a la iglesia a ensuciar las enseñanzas de Dios con nuestras hipocresías.

El Señor dijo, lo que hacéis por el prójimo, lo hacéis por mí.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Del oficio...

Creo que aquella es una pregunta bastante subjetiva. Depende mucho de la valoración que cada uno le dé al tema. Se puede haber aprendido a cumplir con las reglas impuestas por la Real Academia Española, se puede saber escribir sin faltas de ortografía, y eso puede ser considerado como una buena redacción.

Personalmente, creo que saber redactar va más allá de no tener faltas de ortografía. Para saber redactar, hay que saber qué decir.


Como futuros periodistas, tenemos una gran responsabilidad con las personas que nos leerán. Nuestras palabras son nuestro único recurso valioso para la sociedad. Sin tener nuestra propia concepción del mundo, aunque tengamos buena ortografía, nuestras palabras caerán en el vacío y se perderán en el olvido.


Muchos creen que ser periodista significa tener una cara bonita, apta para las cámaras y una voz clara. Pues no, no es suficiente. Un periodista debe conocer su mundo, lo que le antecede y la actualidad. Debe tener conocimiento de causa y no solamente hablar bonito.


Me entristece el hecho de que el periodista sea un profesional desvalorado por las nuevas generaciones. Creo que el concepto que se entiende por periodismo ha perdido su foco, pero aun no es tarde para remediarlo. Me gustaría poder revindicar el valor del periodismo. Si aprendí a redactar, yo creo que si, aunque siento que es algo que venía conmigo desde el nacimiento. Por supuesto, haber tenido un guía que me ayudara a explotar mis aptitudes me ha servido mucho.


Más allá de haber aprendido a escribir correctamente, creo haber encontrado algo mucho más valioso, y eso es el haber encontrado una persona que me permitiera desenvolverme a mi medida y me haya dado ánimo para perseverar en algo en lo que creí que estaba sola y sin futuro.